Maestros en caridad

En la primera lectura de este V domingo de Pascua, el autor de Hechos nos relata cómo las primeras comunidades hicieron frente con audacia y generosidad al reto de la atención y el cuidado de los más vulnerables, significados en las viudas. En su figura se unía el dolor que produce la muerte con el desamparo social de su «nueva normalidad». No hay tal cosa -una «nueva normalidad»- para nadie, pero menos para quien ha sufrido el zarpazo de la muerte tan de cerca… Hay, eso sí, un paisaje nuevo en el que no hay por qué rendirse ante el sufrimiento ni desesperar de nuestros hermanos. Podemos atravesar el desierto y hacerlo en compañía. El Crucificado Resucitado está con nosotros, con todos.

Y así vos, hermana, pues amáis, amad mucho; pues servís, servid bien; pues a Dios habéis escogido, dejad todo lo que no es él.

San Juan de Ávila, «A una señora»

Hoy recordamos también a san Juan de Ávila, sacerdote misionero del siglo XVI, patrono del clero español y santo admiradísimo por san Antonio María Claret. Rescatamos un par de textos salidos de su pluma, a través de los cuales nos urgimos como comunidad parroquial a recrear la diaconía de las comunidades cristianas de todos los tiempos, con más ardor y entrega, que siempre cabe.

No es pequeño negocio ser amigos de Jesucristo y solo el padecer declara quién es amigo fingido o verdadero. Enséñese a amar, pues que es amada; y sepa que aquel que ama de verdad a Dios, del todo se da a él y ninguna cosa deja de sí para sí. No haya miedo de ponerse y perderse en las manos de Dios, que todo lo que en ellas se pone queda a salvo, y lo que no, será perdido sin falta.

San Juan de Ávila, «A una señora penada por la ausencia de un hijo»

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