Domingo XXX Tiempo Ordinario. 23 de octubre de 2016

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PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL ECLESIÁSTICO [35, 15b- 17.20-22a]
El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende y el juez justo le hace justicia.
Palabra de Dios
 
SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TIMOTEO [4, 6-8. 16-18]
Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. —Qué Dios los perdone—. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios
 
EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS [18, 9-14]
En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Palabra del Señor
 
REFLEXIÓN
El domingo pasado el evangelio de Lucas nos animaba a pedir con confianza e insistencia. Hoy Jesús cuenta una nueva parábola: el fariseo y el publicano. Desde el comienzo, advierte que la parábola va dirigida a los fariseos, que tenían la convicción de que eran justos y despreciaban a los demás como impuros y pecadores. Aparecen dos personajes antitéticos: el primero es el representante de la pureza legal; el otro, de la injusticia y de la explotación del pueblo. El fariseo, de pie, oraba con afectación y arrogancia: sólo él es justo, los demás son pecadores. Trata con desdén al publicano y formula un juicio temerario. Termina su supuesta plegaria con una grosera alabanza de sí mismo: “Ayuno dos veces en la semana, doy diezmos de todo lo que poseo”. Sin embargo, el publicano, que estando lejos no se atrevía a levantar la vista, se reconocía pecador. El publicano volvió a su casa justificado ante Dios. El fariseo, comenta San Agustín, “no dice no soy «como muchos hombres», sino «como los demás hombres”. De esta manera, ¿qué otra cosa hace sino colocarse en una categoría única y superior a todos? En las palabras del fariseo nada hallarás que pidiere a Dios: sube, es verdad, a orar; pero no quiere pedir a Dios, sino alabarse a sí mismo, e insultar a otro que oraba”. (José María Martín, O.S.A. Tomado de http://www.betania.es/historico/675-dom-30-ord/index.htm) 

Miércoles 19 de octubre de 2016, por Parroquia San Antonio María Claret


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