Domingo XXXI Tiempo Ordinario - 2 de noviembre de 2014

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PRIMERA LECTURA

 

LECTURA DEL LIBRO DE LAS LAMENTACIONES [3,17-26]
Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha: me digo: Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor. Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien se renuevan cada mañana. ¡Qué grande es tu fidelidad! «El Señor es mi lote», me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Palabra de Dios.
 
 

SEGUNDA LECTURA

 

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS [6,3-9]
Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
Palabra de Dios.
 
 

EVANGELIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN [14, 1-6]
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en Mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré Conmigo, para que donde estoy Yo, estéis también vosotros. Y a donde Yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por Mí.
Palabra del Señor.
 
REFLEXIÓN
Sabemos que estamos de paso en esta vida y que nuestro destino es el cielo. Sin embargo, la realidad de la muerte nos sigue desconcertando. Porque hay en nosotros un deseo de vivir, de eternizarnos…A muchas personas les angustia la muerte porque creen que con ella todo se acaba. Es comprensible entonces que la muerte y hasta la misma vida les resulte absurda. Sólo desde la fe podemos dar una respuesta a este misterio. Y es que si nuestra existencia está unida a Cristo, lo estará también nuestra muerte y resucitaremos con El. El que nos creó es un Dios de vivos y quiere que todos los hombres vivan y encuentren la plenitud de la vida. Jesucristo es “el camino, la verdad y la vida”. Sólo en El encontramos el sosiego y la paz, por eso escribió certeramente San Agustín estas hermosas palabras: “nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. (José María Martín, O.S.A. Tomado de http://www.betania.es/historico/585...)

Lunes 27 de octubre de 2014, por Parroquia San Antonio María Claret


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