I DOMINGO CUARESMA. 14 de febrero de 2016

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PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO [26, 4-10]
Dijo Moisés al pueblo: El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tu dirás ante el Señor, tu Dios: "Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado.” Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios”.
Palabra de Dios
 
SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS [10, 8-13]
Hermanos: La escritura dice: "La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón." Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: "Nadie que cree en él quedará defraudado." Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues "todo el que invoca el nombre del Señor se salvará."
Palabra de Dios
 
EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS [4, 1-13]
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”. Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo. Jesús le contestó: Está escrito: “Al señor, tu Dios, adorarás y al solo darás culto”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras." Jesús le contestó: Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
Palabra del Señor
 
REFLEXIÓN
Jesús se retiró al desierto para orar y prepararse para su misión. La experiencia del desierto nos muestra la evidencia de la fragilidad de nuestra vida de fe. El desierto es carencia y prueba, nos abre a la realidad de nuestra pobreza. Pero también el desierto es lugar privilegiado de encuentro con Dios. Tenemos miedo a entrar en nuestro interior, sentimos pavor ante el silencio. No queremos arriesgarnos, pues puede surgir la prueba o la tentación. Sin embargo el exponerse a una prueba es lo que hace progresar al deportista o al estudiante.
Las tentaciones de Jesús en el desierto son las nuestras.
- El hambre, que simboliza todas las reivindicaciones del cuerpo.
- La necesidad de seguridad, aunque sea al precio de perjudicar al prójimo.
- La sed de poder, el terrible instinto de dominación.
La diferencia es que donde nosotros sucumbimos, El triunfó. Jesús rechaza las tentaciones con frases tomadas del Deuteronomio. También nosotros podemos apoyarnos en la Palabra de Dios para rechazar la tentación. No confundamos la tentación con el pecado, es decir con la caída. La tentación en sí no es buena ni mala. Jesús también fue tentado, pero salió airoso de la tentación. También nosotros podemos hacerlo, pero necesitamos la ayuda de Dios. Si por debilidad humana pecamos, seamos humildes y acudamos al que nos guarda en nuestros caminos (Salmo 90). Pidamos a Dios que nos conceda un corazón puro y que sintamos de verdad la alegría de la salvación. (José María Martín O.S.A. Tomado de http://www.betania.es/historico/645-cen-1cua/index.htm)

Jueves 11 de febrero de 2016, por Parroquia San Antonio María Claret


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