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SOLEMNIDAD DE SAN ISIDRO LABRADOR - 15 de mayo

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PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES [4, 32-35]
En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
Palabra de Dios.
 

SALMO RESPONSORIAL [Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 2a)]

R. Su gozo es la ley del Señor
 
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
 
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
 
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
 
SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SANTIAGO [5, 7-8. 11. 16-17]
Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. Llamamos dichosos a los que tuvieron constancia. Habéis oído ponderar la paciencia de Job y conocéis el fin que le otorgó el Señor. Porque el Señor es compasivo y misericordioso. Así, pues, confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede la oración intensa del justo. Elías, que era hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos.
Palabra de Dios.
 
EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN [15, 1-7]
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará».
Palabra del Señor.
 
REFLEXIÓN
Cuando la primavera se adorna con todo su esplendor. Cuando la Pascua nos sigue agasajando con armoniosos “aleluyas” de resurrección, celebramos en este 15 de mayo la festividad de San Isidro Labrador.
Dejamos a un lado lo que puede ser leyenda y nos fijamos en lo sustancial: Isidro fue un hombre de Dios y, eso, le ha valido un puesto –más que merecido- en el calendario cristiano. En una mano el arado y, en la otra, la oración. Así fue este hombre. Sabía que, su esfuerzo y tesón, eran regalos bajados del cielo. No descuidó ni lo uno ni lo otro: trabajaba mirando hacia la tierra pero, su corazón, alababa incesantemente a Dios. Supo llevar, su alma cristiana, al día a día. Cuando tantos de nosotros estamos sumergidos en el puro activismo. Cuando nos resulta tan difícil combinar “fe y trabajo”, San Isidro logró armonizar perfectamente los dos aspectos. El “ora et labora” benedictino, lo supo custodiar y vivir en primera persona. Dios era lo esencial y, a El, se consagraba con las primeras luces del día. 
¿De qué servirían aquellas labores agrícolas el día de mañana? ¿Merecía la pena gastarse en el arado cuando, lo único que estaba llamado a fructificar eternamente era su profunda fidelidad a Dios?local/cache-vignettes/L268xH157/jpg_San_Isidad76-bec4b.jpg
Estos interrogantes nos vendrían muy bien a nosotros, como fondo y planteamiento de nuestro vivir; vamos de un lado para otro. Hacemos muchas cosas. Contamos con una técnica que nos abarata costes y nos evitan esfuerzos mayores. Pero ¿y la vida en Dios? ¿La cuidamos? ¿La embellecemos con el arado de la oración, la humildad, la paciencia o la confianza en Dios? Tan peligroso, para una vida cristiana, es el "brazos cruzados" como una existencia atestada de actividad. Las dos tienen algo en común: que no hay espacio para Dios. Que no hay lugar para la búsqueda o el descanso en Dios. (Javier Leoz. Tomado de http://www.betania.es/historico/611...)

 

Lunes 11 de mayo de 2015, por Parroquia San Antonio María Claret


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