Memoria. Plegaria. Compasión

Hace ya una semana que las autoridades de nuestro país decretaron el estado de alarma para dar respuesta a la crisis sanitaria desatada por la pandemia global del virus Covid-19. Desde entonces, las puertas de nuestra parroquia -como las de todas nuestras casas- permanecen cerradas. Sin embargo, el corazón misionero de esta comunidad parroquial permanece vivo y abierto allí donde estamos cada uno de los miembros de la misma.

Van llegando a nosotros los nombres de personas cercanas que están enfermas o han fallecido. También los nombres de personas ancianas que ven cómo la soledad y el miedo crecen a su alrededor. Ni un ápice de su dolor nos es ajeno. Aunque el culto público se ha suspendido, el servicio a los más necesitados no se ha detenido. Tampoco la oración, sostenida por todos desde lo escondido de la habitación de cada cual. Los claretianos, por nuestra parte, seguimos celebrando la eucaristía diariamente e intercediendo por quienes, de un modo u otro, pertenecéis a la gran familia del colegio y la parroquia San Antonio María Claret.

Sabemos también que la red se ha llenado de iniciativas de todo tipo para dar apoyo pastoral a cuantos estamos viviendo esta cuarentena sobrevenida, esta cuaresma inolvidable. Dios quiera que todas estas iniciativas nos ayuden y, sobre todo, que cada uno podamos encontrar en el hondón de nuestro corazón el rostro de Cristo crucificado. No sea que, a fuerza de querer llenar el tiempo, caigamos en la tentación de cambiar unas prisas por otras, unos ruidos por otros… en lugar de dejarnos encontrar, en espíritu y en verdad, por el Dios que habla en la quietud y en el silencio, aunque estos nos sean ásperos y dolorosos, aunque no los hayamos elegido.

Por eso, desde este humilde balcón virtual que es nuestra web, no queremos multiplicar los recursos. Como decía Madeleine Delbrêl: «La monotonía es una pobreza: aceptadla. / No busquéis los bellos viajes imaginarios. / Que las variedades del Reino os basten / y os regocijen». No obstante, tampoco renunciamos a tener una palabra de cariño con todos los que formáis parte de esta comunidad de fe y de esperanza. Para recordarnos entre todos que esta familia sigue avanzando y compartiendo la vida, ahora a través de la memoria, la plegaria y la compasión de los unos para con los otros. Con este único fin -mantener la cercanía-, ofreceremos de vez en cuando algún saludo desde este rincón.

Sabed que no os olvidamos. Que rezamos por vosotros. Que estamos cerca de quienes lloráis en este Viernes Santo, de quienes esperáis hacia la mañana de Resurrección.

Nos encomendamos a la Virgen Madre, al Corazón Inmaculado de María.

El equipo parroquial

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