EL SALUDO DEL PÁRROCO

A penas ha comenzado este curso 2020-21 y nos hacemos conscientes de que todavía no hemos concluido las tareas del anterior, no sólo porque quedaron muchas actividades sin concluir, sino porque la inquietud, la zozobra y el pesar al que nos ha sometido la “pandemia”, sigue ahí.  Como si ella misma se hubiera apoderado del calendario para constituir un curso entero en sí misma, imponiendo su propia actividad y retorciendo las que habitualmente teníamos hasta casi no reconocerlas; una página de calendario todavía por arrancar con demasiadas semanas e innumerables días cargados de infinito dolor para incontables víctimas. Dolor y oración solidarios de esta parroquia con todos ellos.

Cargados con la mochila de las tareas pendientes, nos disponemos a acometer este año que tenemos por delante –pendientes por un lado de las noticias de cada día y por otro dispuestos a caminar en cada jornada como COMUNIDAD PARROQUIAL VIVA. En ningún momento hemos dejado de serlo. Todos y cada uno debemos asumir, como discípulos del Señor, el compromiso de der “LUZ y SAL” en los momentos de dificultad.

El domingo pasado 19 de septiembre, poníamos en marcha el curso pastoral y con él empiezan a tomar pulso las actividades que quedaron pendientes: primeras comuniones, confirmaciones, seguirán las reuniones de grupos, las catequesis… En ningún momento cesó la actividad de Cáritas y el acompañamiento de una u otra forma de nuestros mayores en sus casas.

Seguimos adelante y decimos con S. Pablo en medio de la adversidad. “…cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2Co 12, 9-10).

Y… ¡Arriba los corazones!

Un saludo: José María Lillo cmf

 

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