Hacia el encuentro pascual

Leído el Evangelio de la Samaritana en este pasado domingo tan atípico, tanto en la sociedad en general como en la vida diaria de nuestras parroquias y comunidades cristianas, hemos pasado el ecuador de nuestro itinerario hacia la Pascua; un itinerario que sin lugar a dudas este año es significativamente distinto al de todos los que hemos vivido anteriormente, y que habrá de quedar en nuestro recuerdo por mucho tiempo y ojalá -y Dios lo quiera- no sirva nunca de referencia para valorar otros como más costoso en víctimas y sacrificios.
Sin embargo, las etapas al encuentro pascual no se detienen ni se aplazan, como hayamos podido hacer con otros eventos o compromisos. Estando enclaustrados en casa o en el trabajo nuestro de cada día, acostados o levantados, entretenidos o llenos de tedio… cada día nos aparece como una nueva andadura a la que es imposible renunciar, con sus novedades, dificultades, requerimientos circunstanciales, situaciones particulares o sociales, dificultades –en ocasiones estresantes, agotadoras y otras llenas de gozo y alegría- que convierten cada etapa en una situación única e irrepetible.
Pero lo que hace que una etapa sea más o menos hermosa no es tanto la dificultad o facilidad del recorrido, sino la actitud con que cada cual afronta el itinerario de la vida. De la Samaritana al Ciego de Nacimiento (próximo domingo) dos compañeros extraordinarios en este peregrinar de la FE: de la sed de Dios para dar sentido a la vida a la luz de Dios capaz de irrumpir en la ceguera de quien se reconoce falto de ella para discernir los obstáculos de la vida –“¡Dame, Señor, de esa agua”; “Fui, me lavé y ahora veo”-.
Curiosamente, en la misma etapa hay quien cayó al hoyo de su ceguera: «Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos».
El coronavirus no es un impedimento, tan sólo es la circunstancia en que nos toca discernir y dar sentido a la vida desde la autenticidad de la fe, iluminados por la luz de su palabra y el don del Espíritu. ¡Hay tantos detalles en que este confinamiento puede ser una gran ocasión de encuentro con Dios y con el prójimo! ¡Evita malgastar esta etapa vagando sin sentido, déjate encontrar por Él y transfórmala en una ocasión para enmarcar en el álbum del recuerdo de tu vida!
¡Hagamos el camino juntos en comunidad! ¡Ninguna dificultad nos impedirá llegar a la Pascua del Señor!

P. José María Lillo, cmf. Párroco

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